La compañía aérea Iberia que todos conocemos a día de hoy, es de las más antiguas del mundo. La historia de Iberia es la de una compañía que ha ido creciendo y consolidándose a lo largo de sus ya casi 85 años.

Se creó el 28 de junio de 1927 e inició su actividad comercial con tres aviones Rohrbach Roland, con capacidad para diez pasajeros que viajaban en asientos de mimbre por su ligereza -el peso siempre ha sido el enemigo a batir en aviación- , dos tripulantes, equipaje y carga, y cuya velocidad punta era de 205 km/h.

El primer vuelo se realizó el 14 de diciembre de este mismo año, con presencia del rey Alfonso XIII, conectando, como no podía ser de otro modo, las ciudades de Madrid y Barcelona.

El pasaje costaba 163 pesetas, y 300 por un vuelo de ida y vuelta. Ya en el primer mes, había realizado 57 vuelos y transportado 287 pasajeros. El vuelo duraba tres horas y media.

Podemos ver una réplica a escala real -salvo que es una versión monomotor, y no trimotor como el original- de este avión Rohrbach Roland, en el parque de atracciones del Tibidabo en Barcelona.

El famoso “avión del Tibidabo” es, con 90 años, la tercera atracción más antigua del centenario parque. Se da la circunstancia curiosa de que es la propia hélice del avión la que impulsa la atracción en sus “vuelos”.

Durante la Guerra Civil Española en el año 1937, Iberia sufriría un parón en sus vuelos principalmente debido a la poca disponibilidad de combustible que había por entonces, aunque a finales de ese mismo año, consiguió volver a operar con aviones y tripulación alemana y se convirtió así en la línea aérea del Bando Nacional con su sede en Salamanca.

En 1939, ya acabada la guerra, Iberia inaugura los vuelos con origen o destino Europa, siendo Madrid-Lisboa su primera ruta. La central de Iberia se instala definitivamente en Madrid. Ese mismo año, también aparece el segundo logotipo de la historia de Iberia.

En 1940, se concedió a Iberia por ley la exclusiva del transporte de personas, correo y mercancías dentro del territorio nacional y las líneas al extranjero que fueron establecidas en virtud de acuerdos internacionales. Esta exclusiva, en un principio, tendría una duración de 20 años. El Estado era propietario de las compañías Transporte Aéreos Españoles (TAE) e Iberia, hasta que se fusionaron ambas para dar lugar a la constitución de la nueva empresa denominada “Compañía Mercantil Anónima Iberia S.A.”. Era la época de lo que se dio en llamar “compañías de bandera”, que proliferaron en la Europa tras la segunda gran guerra. Una situación que se prolongó hasta la década de los 90 con la liberalización del mercado aéreo.

La compañía no dio el salto a América hasta 1946, iniciando vuelos a Buenos Aires, y se convirtió en la primera compañía que después de la Guerra dio servicio aéreo entre Europa y América del Sur. Fue entonces cuando se propuso que los pasajeros debían tener asistencia para los vuelos largos, y de ahí surgió la figura de azafata como nuevo concepto. Para identificar fácilmente a las aeromozas, que es como se conocía a las azafatas de vuelo, se decidió crear un uniforme de estilo militar, blanco en verano y azul en invierno con gorrito a juego, el cual iría evolucionando a lo largo de los años.

Poco años más tarde, en agosto de 1954, la empresa inaugura otra ruta clave para su expansión internacional: Madrid – Nueva York y unos días después tuvo lugar el primer vuelo comercial operado con aeronaves Lockheed L-1049 Super Constellation. Los primeros tres aviones recibieron los nombres de las carabelas de Colón: Pinta, Niña y Santa María.

En el próximo artículo continuaremos la historia de Iberia hasta lo que es la compañía a día de hoy.

Descubre más sobre otras grandes compañías del mundo de la aviación aquí.

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